¿Se te acalambran las piernas a mitad de carrera? No siempre es falta de agua. Te explicamos qué dice la ciencia sobre calambres, hidratación y minerales, y cómo prevenirlos de verdad.
Todo corredor lo ha vivido alguna vez: vas avanzando bien, el ritmo se siente cómodo, y de repente una pantorrilla o un isquiotibial se contrae con fuerza y te obliga a detenerte en seco. El calambre muscular es uno de los contratiempos más frustrantes del running, sobre todo porque suele aparecer justo cuando más lo necesitas: en los últimos kilómetros de una carrera larga o durante una competencia importante.
Durante años se ha repetido la misma explicación: “te faltó hidratarte” o “te faltó sal”. Pero la ciencia del deporte ha avanzado bastante en este tema, y hoy sabemos que la historia es más compleja, y más interesante, que eso. Entender qué provoca realmente los calambres es el primer paso para prevenirlos con estrategias que funcionan de verdad, y no solo con mitos que se repiten de generación en generación entre corredores.
Un calambre es una contracción involuntaria, súbita y dolorosa de un músculo o de un grupo muscular, que no logra relajarse por sí solo. En el running, los más comunes afectan a las pantorrillas, los isquiotibiales (parte posterior del muslo) y, en menor medida, los cuádriceps y los pies. Puede durar segundos o varios minutos, y en algunos casos deja una sensación de sensibilidad en la zona durante horas después.
Los especialistas los denominan calambres musculares asociados al ejercicio (EAMC, por su sigla en inglés), y son distintos de los calambres que pueden aparecer por causas médicas, deficiencias hormonales o el uso de ciertos medicamentos, que ameritan una consulta profesional aparte.
Durante décadas, la creencia dominante fue que los calambres se debían casi exclusivamente a la deshidratación y a la pérdida de electrolitos por el sudor. Sin embargo, la evidencia científica actual apunta a que esta no es la explicación completa ni siquiera la más importante en la mayoría de los casos.
Investigaciones en el ámbito de la fisiología del ejercicio han revisado en profundidad los mecanismos detrás de los EAMC y han encontrado que la evidencia disponible no respalda a la deshidratación ni a las alteraciones electrolíticas como las principales causas de los calambres durante el ejercicio. En cambio, el factor que aparece con más consistencia es la fatiga neuromuscular.
Esto significa que, cuando un músculo trabaja de forma prolongada e intensa, especialmente a un ritmo más exigente de lo habitual, el sistema nervioso pierde parte del control fino sobre la contracción y la relajación muscular, y ahí es cuando aparece el calambre. De hecho, en un estudio con corredores que tenían antecedentes de calambres, un 60% asoció la aparición del calambre con fatiga muscular previa, lo que refuerza esta idea.
Otro dato revelador viene de investigaciones realizadas en pruebas de resistencia como triatlones Ironman y ultramaratones: los competidores que sufrieron calambres no presentaron diferencias significativas en sus niveles de electrolitos en sangre respecto a quienes no los sufrieron. Esto no significa que la hidratación y los minerales no importen, sí importan, y mucho, para el rendimiento general, pero deja claro que no son la única ni siempre la principal causa del problema.
En resumen, los factores que más se asocian a un mayor riesgo de calambres son:
Aunque la deshidratación no sea la explicación única de los calambres, mantenerse bien hidratado sigue siendo fundamental para el rendimiento y para reducir el riesgo general de sufrirlos, especialmente en carreras largas o en climas cálidos. Cuando el cuerpo suda, no solo pierde agua: también pierde una cantidad importante de electrolitos que son necesarios para que los músculos se contraigan y se relajen correctamente.
Algunas recomendaciones prácticas para una hidratación efectiva:
Hidratación en entrenamiento de running – Fuente: magnific.com
Los electrolitos son minerales que llevan carga eléctrica y son esenciales para la contracción muscular, la transmisión de impulsos nerviosos y el equilibrio de líquidos en el cuerpo. Estos minerales trabajan en conjunto para que el cuerpo funcione correctamente bajo el estrés del ejercicio prolongado, y un desequilibrio entre ellos puede acompañar la aparición de fatiga, calambres o problemas de rendimiento.
| Mineral | Detalle |
|---|---|
| Sodio | Es el electrolito que más se pierde a través del sudor, sobre todo en corredores que sudan mucho o en climas calurosos. Es clave para la retención de líquidos y la función nerviosa. |
| Potasio | Trabaja junto al sodio para regular el balance de líquidos dentro y fuera de las células, y participa directamente en la contracción muscular. |
| Magnesio | Interviene en la relajación muscular después de cada contracción. Un déficit prolongado puede afectar la calidad de las contracciones musculares durante esfuerzos largos. |
| Calcio | También participa en el proceso de contracción muscular, junto con el magnesio, en un equilibrio que resulta clave durante el ejercicio de resistencia. |
Una recomendación práctica es optar por suplementos o bebidas de electrolitos que ofrezcan un buen equilibrio entre sodio, potasio y magnesio, evitando azúcares añadidos o rellenos artificiales innecesarios. Los alimentos también son una gran fuente natural de estos minerales: plátanos, frutos secos, palta, lácteos, legumbres y agua de coco pueden formar parte de una alimentación que respalde tu entrenamiento.
Con toda esta información, la prevención de calambres pasa por una estrategia integral, no solo por “tomar más agua”. Estas son las acciones con mayor respaldo:
La mayoría de los calambres relacionados con el ejercicio son benignos y se resuelven solos con estiramiento suave y descanso. Sin embargo, conviene prestar atención si los calambres se presentan junto con dolor intenso, pérdida de sensibilidad, debilidad repentina, o si ocurren en brazos y tronco además de en las piernas, ya que en esos casos podrían estar asociados a otras causas que ameritan evaluación médica.
Escuchar a tu cuerpo, entrenar con progresión y cuidar tanto la hidratación como la alimentación no elimina por completo el riesgo de calambres, pero reduce significativamente las probabilidades de que uno arruine tu próxima carrera.