
Sabastian Sawe hizo historia en Londres: corrió el maratón en 1:59:30 y se convirtió en el primer hombre en romper la barrera de las dos horas en una carrera oficial. Kejelcha fue segundo en 1:59:41.
Hay fechas que el deporte guarda para siempre. El 27 de abril de 2026 es una de ellas. Ese domingo por la mañana, en las calles de Londres, Sabastian Sawe cruzó la línea de meta del TCS London Marathon con un tiempo que durante décadas se consideró humanamente imposible: 1:59:30. El keniano no solo ganó la carrera y defendió su título; se convirtió en el primer hombre en correr un maratón oficial en menos de dos horas. Y como si eso no fuera suficiente, once segundos detrás llegó Yomif Kejelcha, en su debut sobre los 42,195 kilómetros, con 1:59:41.
No hacía falta ver el reloj para entender que algo extraordinario acababa de ocurrir. Las caras de los espectadores a lo largo del recorrido, desde Greenwich hasta The Mall, lo decían todo. El atletismo de fondo había dado un salto que tardará años en comprenderse del todo.
Para poner en perspectiva lo que hizo Sabastian Sawe en Londres, basta con un número: 65 segundos. Esa es la diferencia entre su tiempo y el récord mundial anterior, que pertenecía al fallecido Kelvin Kiptum desde 2023 con 2:00:35. En el maratón, donde los récords suelen caer por segundos, a veces por fracciones, reducir la mejor marca de la historia en más de un minuto es casi un anacronismo. Es el tipo de salto que no ocurre en una generación.
Sawe llegó a esta edición de Londres con una historia de preparación que hace su actuación todavía más impresionante. Una lesión en enero lo había alejado de los entrenamientos durante semanas; solo retomó la preparación en febrero. Con apenas cuatro meses de trabajo serio sobre las piernas, el keniano salió a correr a un ritmo que ningún ser humano había sostenido oficialmente sobre 42 kilómetros.
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Su estrategia fue técnicamente impecable. Pasó por el kilómetro 21 en 60:29, ajustado pero controlado, liderando un grupo de seis africanos con intenciones claras. A los 30 kilómetros aceleró, como ya lo había hecho en la edición anterior de Londres, donde ganó en 2:02:27, solo que esta vez el ritmo de la segunda mitad fue demoledor: 59:01 en los últimos 21 kilómetros. Un negative split que convirtió la segunda parte de la carrera en un espectáculo sin precedentes.
“Estaba tan concentrado en competir con mi amigo Yomif que me di cuenta del récord cuando llegué a la meta. Vi 1:59 en el reloj y ahí lo entendí”, dijo Sawe tras cruzar la línea.
Lo que hace de esta carrera algo verdaderamente único en los anales del atletismo no es solo lo que logró Sawe. Es lo que ocurrió detrás de él.
Yomif Kejelcha (Etiopía) cruzó la meta en 1:59:41, once segundos después del ganador, en su primer maratón de su vida. El etíope llegaba a Londres con todo su palmarés construido en la pista: dos medallas de plata en los 10.000 metros en campeonatos mundiales, y un récord mundial en la milla bajo techo. Nunca había corrido una maratón oficial. Y en su debut, bajó las dos horas.
Kejelcha estuvo pegado a Sawe hasta los 40 kilómetros, cuando cometió el único error que le costó el triunfo: no tomó su bebida en el último avituallamiento. En ese momento, Sawe encontró energía extra, tomó su botella, y aceleró rumbo a Buckingham Palace con una ventaja que ya no se cerró. “Corrí relajado y controlado hasta el kilómetro 41, y ahí mis piernas llegaron al límite. Estoy muy feliz y orgulloso de mí mismo. Este era mi sueño”, declaró el etíope al cruce de meta.
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Jacob Kiplimo (Uganda), tercer clasificado con 2:00:28, completó el podio más rápido que haya visto el maratón mundial. Los tres hombres terminaron por debajo del tiempo que hace tres años era el récord del mundo. Amos Kipruto fue cuarto en 2:01:39, y el campeón olímpico Tamirat Tola, quinto en 2:02:59, una marca personal, lo que da idea del nivel estratosférico que tuvo la carrera de principio a fin.
Cuando Roger Bannister rompió la barrera de los cuatro minutos en la milla en 1954, el mundo tardó en creer que era posible. Una vez que lo fue, ese límite se convirtió en punto de partida, no de llegada. La milla bajo los cuatro minutos hoy es un estándar para cualquier corredor de élite universitario.
El paralelo con lo que ocurrió en Londres es inevitable, y ya lo empezaron a trazar los propios protagonistas del atletismo mundial. Paula Radcliffe, ex campeona del maratón de Londres y comentarista de la BBC durante la carrera, lo dijo sin rodeos: las metas que parecían el techo del deporte acaban de moverse.
El primer maratón bajo las 2:30 horas llegó en 1925. La barrera de las 2:15 se rompió 38 años después. La marca de 2:00:35 de Kiptum en 2023 ya parecía inalcanzable para muchos. Y sin embargo, tres años más tarde, tres hombres la superaron en la misma tarde.
La pregunta que el running tiene ahora sobre la mesa no es si alguien podrá bajar las dos horas. Eso ya ocurrió. La pregunta es cuánto más rápido puede ir el ser humano.
Nadie encarna mejor que Eliud Kipchoge la obsesión por romper las dos horas en el maratón. En octubre de 2019, el keniano completó el desafío INEOS 1:59 en Viena con un tiempo de 1:59:40, en condiciones controladas y con 41 liebres rotativas. Fue una proeza humana extraordinaria, pero no fue reconocida como récord mundial oficial por World Athletics.
Lo que hizo Sawe en Londres, 1:59:30 en una carrera abierta, con competidores reales, sin ayudas artificiales, es lo que Kipchoge siempre soñó para el maratón. Y el doble campeón olímpico no tardó en hacerse escuchar.
“Hoy es un día histórico para el maratón. Ver a dos atletas romper la mágica barrera de las dos horas es la prueba de que estamos apenas al comienzo de lo que es posible cuando el talento, el progreso y la creencia en el potencial humano se unen”, escribió Kipchoge en un comunicado. “Romper la barrera de las dos horas en el maratón ha sido durante mucho tiempo el sueño de los corredores de todo el mundo, y hoy lo han hecho realidad. Que este logro inspire a la próxima generación y le recuerde a todos que no human is limited.”
La frase con la que Kipchoge forjó su legado, “ningún humano tiene límites”, regresó este domingo, pero ya no como promesa. Como constatación.
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La barrera de las dos horas era el horizonte. Ahora que fue cruzada, el atletismo de fondo entra en territorio desconocido. No en el sentido de que los atletas no sepan cómo prepararse, sino en el de que el techo psicológico que regulaba las expectativas colectivas desapareció.
Sawe tiene 31 años y un historial de cuatro victorias en maratón, todas por debajo de las 2:03. Si su cuerpo responde y las condiciones acompañan, no hay razón para pensar que no intentará mejorar su propio récord. Kejelcha, por su parte, acaba de demostrar que su techo en el maratón es tan alto como el de cualquier corredor vivo, y que el debut que acaba de tener es apenas un punto de partida.
Jacob Kiplimo, con 2:00:28 en el bolsillo, también tiene argumentos propios para aspirar al récord en futuras ediciones. Y detrás de ellos viene una generación de corredores africanos que ya no verá las dos horas como un mito, sino como un tiempo que puede mejorarse.
El maratón masculino acaba de entrar en una nueva era. Y por primera vez en décadas, nadie sabe cuál es el límite real.
El running tiene la capacidad de producir momentos que trascienden el deporte. La primera milla bajo cuatro minutos fue uno de ellos. El primer hombre en la luna utilizó el argumento del “si Bannister pudo, nosotros también” para convencer a ingenieros de que lo imposible era solo una cuestión de tiempo. El maratón bajo las dos horas tenía esa misma energía acumulada desde hacía años.
Este domingo, en las calles de Londres, Sabastian Sawe la liberó. Y Yomif Kejelcha estuvo ahí, once segundos detrás, para confirmar que no fue un accidente. Que no fue una rareza estadística. Que el ser humano, cuando se prepara con inteligencia, cree en lo que hace y tiene el entorno adecuado, puede exactamente lo que dice que puede.
En el maratón, como en la vida, los límites que más importan son los que uno decide dejar atrás.